Carne blanca o carne roja: ¿qué diferencias hay realmente?

Cuando hablamos de carne, a menudo oímos que la carne blanca es más ligera o que la carne roja tiene más hierro. Pero la realidad es algo más compleja.

Para empezar, ¿por qué una carne es roja y otra es blanca? La diferencia de color se debe principalmente a la mioglobina, una proteína que se encuentra en los músculos y que ayuda a almacenar oxígeno.

Una cosa que no debemos olvidar: el valor nutricional de una carne no depende únicamente de si es blanca o roja. También depende de la pieza que escojamos, de la grasa que contenga y de cómo la cocinemos.

🥩 ¿Qué nos aporta la carne roja y cuál es su valor nutricional?

La ternera, el cordero, el potro y el cerdo nos aportan proteínas de alto valor biológico, con todos los aminoácidos esenciales que nuestro organismo necesita.

También encontramos hierro, vitamina B12, zinc, fósforo, selenio, potasio y magnesio. El hierro de la carne es principalmente hierro hemo, que nuestro organismo absorbe mejor que el hierro no hemo de los alimentos vegetales.

Pero no todas las carnes ni todas las piezas son iguales. Una pieza magra de ternera, como el redondo o el rabillo, puede aportar mucha proteína y relativamente poca grasa, mientras que otras piezas, como el entrecot o el churrasco, pueden tener un contenido de grasa más elevado.

Por eso, cuando hablamos del valor nutricional de la carne, es importante saber qué pieza estamos comiendo.

🍗 ¿Qué nos aporta la carne blanca y cuál es su valor nutricional?

El pollo, el pavo y el conejo también son excelentes fuentes de proteínas de alto valor biológico, con todos los aminoácidos esenciales que nuestro organismo necesita.

También nos aportan vitaminas del grupo B y minerales como fósforo, potasio, selenio, zinc, hierro y magnesio.

Una de las características de muchas piezas de carne blanca es que podemos obtener un aporte elevado de proteína con una cantidad moderada o baja de grasa.

La pechuga de pollo sin piel es un buen ejemplo: es muy rica en proteínas y baja en grasa si la cocinamos a la plancha, al horno o en la airfryer sin añadir grasa.

Pero un muslo, unas alas o una pechuga no tienen exactamente la misma composición. La pechuga sin piel suele ser una de las partes más magras, mientras que el muslo suele contener más grasa y las alas pueden aportar todavía más, sobre todo si las comemos con piel. Todas siguen siendo una buena fuente de proteínas, pero la proporción entre proteína y grasa cambia según la pieza.

Por tanto, si buscas mucha proteína y poca grasa, la pechuga de pollo sin piel es una muy buena opción. Si prefieres una carne más jugosa y con algo más de grasa, puedes escoger el muslo o las alas. No se trata de que una pieza sea mejor que otra, sino de saber qué nos aporta cada una y escoger según lo que buscamos.

Por tanto, no toda la carne blanca es necesariamente más magra que toda la carne roja. Una vez más, debemos fijarnos en qué pieza estamos comiendo.

🦴 ¿Qué pasa con el colágeno?

El colágeno está presente tanto en las carnes rojas como en las blancas y forma parte de lo que llamamos tejido conjuntivo, el tejido que rodea y mantiene unidas las fibras musculares.

Y no es una característica exclusiva de la ternera. El cerdo, el pollo, el cordero o el conejo también tienen colágeno, especialmente en determinadas partes del animal.

Algunos ejemplos de piezas con una presencia importante de tejido conjuntivo y colágeno son la carrillera y la llata de ternera, las manitas y la carrillera de cerdo, las alas de pollo y el jarrete de cordero.

Son piezas muy diferentes entre sí, pero tienen algo en común: la forma de cocinarlas es muy importante. Con una cocción lenta, el colágeno se va transformando y contribuye a esa textura tierna, melosa y gelatinosa tan característica de algunos guisos.

Y aquí hay algo importante: una pieza más dura no es una pieza peor. Simplemente debemos saber cómo cocinarla.

⚖️ Entonces, ¿qué carne escogemos?

No es necesario elegir entre una u otra. La carne blanca y la carne roja nos aportan proteínas, vitaminas y minerales, pero en cantidades diferentes según el animal y, sobre todo, según la pieza.

Lo más interesante es variar, conocer lo que comemos y escoger la pieza adecuada para cada comida.

Porque comer bien no consiste únicamente en escoger buenos alimentos.

Comer bien también es saber qué comemos.

Bienvenidos al placer de comer bien y sano.